Aceite de oliva del Bajo Aragón

 elaboración tradicional de la miel

La miel es un producto saludable que desde la antigüedad se conoce y se reconocen sus propiedades beneficiosas como alimento, para endulzar, para preparación de sabrosas recetas y para la curación de enfermedades.

Antiguamente la miel era un producto esencial para el hombre; es por ello que existen muchas referencias históricas sobre la miel, en la Biblia, en el antiguo Egipto o los griegos  para los que éste era un producto sagrado de gran valor, llegando por ello a emplear las mieles como moneda de cambio para el pago de impuestos. La importancia de este producto elaborado por las abejas dejó constancia en la historia y los mitos relacionados con las clases sociales, de aquí que en el antiguo Egipto se utilizase la abeja como un símbolo de realeza. Algunos de estos mitos han llegado hasta la actualidad, así en Rodas a los ocho días del nacimiento de un bebé, se le coloca en una cuna donde otro niño toca sus labios con miel para desearle una vida tan dulce como este producto. Hasta nuestros días han llegado algunos recipientes con más de 3.000 años de antigüedad utilizados para almacenar la miel, se tratan de vasijas tapadas (aunque no selladas) en las que se han hallado restos de muestras de miel conservadas perfectamente.

La referencia más antigua sobre la recolección de la miel data de tiempos prehistóricos, aproximadamente por el año 6.000 a. de C., de cuya época se han encontrado pinturas rupestres que recogen escenas de la recolección de las mieles. Algunas de las pinturas más famosas son las de la Cueva de la Araña en Bicorp (Valencia) las cuales muestran a una mujer joven junto a un adolescente portando cestas en las que recoger los panales de miel de las colmenas y así recolectar la miel. Estas imágenes demuestran que en un principio la obtención de la miel era una labor reservada a las mujeres, las cuales abordaban las colmenas que encontraban mientras recolectaban frutos; para ello, una vez localizada la colmena, utilizaban fuego y humo para ahuyentar las abejas y robarles la miel, lo cual habitualmente mataba la colonia. Estos métodos aún se utilizan en algunas zonas del mundo que no han llegado a evolucionar en el arte apícola de la recolección de miel.

Pintura del año 6.000 a. de C., muestra de la antiguedad de la apicultura.

Pintura prehistórica de la recolección de miel

A medida que el hombre primitivo fue pasando de recolector a agricultor comenzó a utilizar los árboles huecos como sustitutos de las colmenas salvajes con el fin de que la recolección de la miel fuese menos laboriosa. De esta forma, poco a poco se fue pasando de la explotación de colmenas aisladas a una explotación especializada con grupos de colmenas de forma que se facilitaba la defensa frente a depredadores, además de evitar el robo de las mieles por otros hombres.

La utilización de la miel en medicina ya se conocía antiguamente, de hecho en la época de los romanos ya se utilizaban las mieles por sus propiedades antisépticas, que no permitían el desarrollo de bacterias, como conservantes de frutos; esto hacía que la miel se relacionase con la inmortalidad y se utilizase, por tanto, para los embalsamamientos y la conservación de restos orgánicos. En la Grecia antigua, se creía que la miel era un alimento que provenía del sol y tenía poderes mágicos, que ponía en contacto las almas con la divinidad transmitiendo sus cualidades y propiedades más ansiadas, entre las cuales estaba la inmortalidad nombrada anteriormente.

En la península, durante la ocupación de los mayas, ya se conocían muchos datos de las abejas, las cuales se criaban con mimo para que la producción de miel fuese abundante, pues con ella elaboraban "el balche", una bebida elaborada con miel , corteza de balche y agua que se empleaba en las festividades religiosas; siendo tal la importancia de este producto que los mayas le dedicaban fiestas al dios Ah-Muzencab para pedir una buena producción de néctar que permitiese a sus abejas la elaboración de abundantes y exquisitas mieles.

Las primeras colmenas fabricadas por el hombre se idearon para hacer más asequible la cosecha de las mieles, pero eran las abejas las que construían los panales de manera natural fijándolos a las paredes internas de la colmena, por lo que el apicultor debía cortarlos para recolectar la miel destruyendo con ello la colonia. Los egipcios y los cretenses fueron los primeros en crear colmenas con una abertura en la parte posterior, lo cual permitía recolectar la miel sin destruir los nidos de cría una vez las abejas habían sido ahuyentadas con humo. Los griegos para obtener las mieles construían colmenas con arcilla en forma de cacerolas, mientras que los romanos empezaron a construirlas con otros materiales como madera, barro e incluso tejiéndolas con tallos de hinojo o ramas de mimbre. En el norte, los romanos tallaban los troncos para que las abejas anidasen en su interior y así tener la miel localizada en las zonas que les interesaba.

Colmenas aprovechando troncos huecos para las abejas.

Colmenas antiguas elaboradas con troncos huecos

En los siglos XVI y XVII se dá un gran impulso a la recolección de la miel debido a la introducción de las colmenas con panales móviles, aunque en un principio se diseñó únicamente para observación luego comenzó a utilizarse para la recolección de la miel, siendo en 1.806 cuando apareció la primera colmena con dos cámaras en cuya cámara inferior se situaban panales fijos para la cría y en la superior, cuadros móviles para la miel. A finales del siglo XIX surgen nuevos avances como el primer extractor de miel con fuerza centrífuga y el diseño del ahumador actual.

Sin embargo, antes de la existencia de la máquina centrifugadora, el sistema que se utilizaba para extraer las mieles conllevaba la destrucción de los panales, puesto que el procedimiento utilizado consistía en lo siguiente:

En primer lugar se cosechaban los panales cortando aquellos que contenían solo miel y que al menos tenían dos tercios de las celdas selladas por las abejas (lo cual es una señal de que la miel está "madura" para su recolección). Los panales oscuros contienen propóleos, lo cual da un sabor más fuerte a la miel, por lo que era aconsejable cosechar los panales más claros.

En segundo lugar, se recortaba el panal retirando las secciones que no contenían solo miel como las celdillas de polen, las celdillas con huevos o aquellas celdillas en las que no se vea miel; entonces cortaban los opérculos y colocaban los panales por la parte cortada en una rejilla situada sobre un recipiente. Una vez que parecía que no caía más miel al recipiente, se caldeaba la habitación con estufas hasta los 21 o 22 grados, y a las tres horas se daba la vuelta a los panales de forma que éstos soltasen toda la miel.

Es entonces cuando los panales se trasladan a un cesto situado sobre una tina donde los aprieta fuertemente con las manos haciendo salir el resto de la miel, luego los deja gotear hasta el día siguiente. Al día siguiente, una vez recogida toda la miel en los recipientes se volvía a utilizar una rejilla o colador más fino para colarlo de forma que se eliminasen todas las impurezas posibles. Finalmente solo restaba recoger la miel en botes a la espera del momento de su consumo.

La apariencia algo nublada de la miel viene aportada por el polen que contiene esta sustancia. Con este método de extracción el contenido del polen en la miel es mayor, pues al exprimir los panales no solo se filtra la miel junto al polen disuelto en ella, sino que la parte que está sólida también pasa a disolverse en la miel. El problema del contenido de polen en la miel no es solo la apariencia sino que este producto también hace que el sabor sea más fuerte, por lo que hay que intentar recortar aquellos trozos de panal que contengan polen antes de ser exprimidos.

 La incorporación de la prensa en la extracción de las mieles supuso un ahorro de energías para el apicultor, puesto que hacía más rápida y fácil la labor de exprimir los panales, el proceso que se aplicaba en su uso era el siguiente:

Una vez recolectadas las mieles en sus panales, se hacía una selección de los mismos recortando aquellas zonas del panal que no contenían miel, bien por estar vacías, por contener huevos o por contener polen; a continuación se procedía a quitar los tapones de cera y a colocar el panal sobre una malla que, situada sobre un recipiente, hacía de filtro para la miel que fluía de los panales. Entonces, tras calentar la habitación, se volteaban los panales dejando que soltasen durante tres horas poco a poco los restos de miel, momento en que el apicultor los exprimía fuertemente y los dejaba sobre un cesto, bajo el cual se colocaba un recipiente, y los dejaba gotear 24 horas. Al día siguiente, estas bolas de cera y miel se introducían en una prensa. En un principio, estas prensas estaban realizadas con tela, sin embargo las que más éxito tuvieron fueron las que se fabricaron posteriormente en acero, puesto que eran más fáciles de limpiar y más higiénicas.

 El prensado de la miel, se ha de realizar con mucho cuidado

El primer paso es el  llenado de la prensa con los panales operculados, donde se almacenan las mieles.

 

Más adelante, la tarea de quitar los tapones de cera o "desopercular", labor bastante lenta y laboriosa se comenzó a realizar de una forma más brusca, pero también más rápida que consistía en introducir los panales llenos de miel en sacos de arpillera, los cuales se golpeaban provocando la rotura de los opérculos y permitiendo que la miel saliera. Estos sacos se colgaban después del techo durante un tiempo dejando que la miel cayera a unos recipientes por su propia gravedad. Es, entonces, cuando los panales se introducían en una prensa consistente en un bidón lleno de orificios y una plancha  con un manillar con la que el apicultor aplasta los panales forzando a que la miel se vaya filtrando por los agujeros y vaya cayendo a un plato situado en su base, el cual redirige la miel a otro recipiente por medio de una hendidura practicada en el mismo.

De forma circular son las prensas donde se prensa los panales de miel.

Prensado de los panales de miel, en una presa de aluminio, realizado manualmente, dando vueltas al eje de la prensa.

Una vez se había realizado el primer prensado, la prensa de aflojaba para que el apicultor pudiese remover la masa con miel y volviese después a prensarla por segunda vez. Una vez que ya no cae más miel se saca el residuo de la prensa y se lleva al lugar donde están situadas las colmenas para que las abejas terminen de sacar la miel y la utilicen como alimento.

La elaboración de la miel puede seguir varios procesos en su extracción, siendo el más utilizado en la actualidad el de centrifugado, puesto que esta forma de extracción hace que los panales puedan volver a reciclarse y utilizarse por las abejas. Sin embargo, antiguamente no existía este tipo de maquinaria, por lo que los apicultores, para extraer la miel, tenían que realizar esta tarea de forma manual o por medio de estos instrumentos que requerían un gran esfuerzo.

Recogiendo la miel del primer prensado, elaboración natural.

Para la recogida y el escurrido de la miel se utiliza un recipiente colocado en la parte baja de la hendidura de la prensa.

Todo este proceso de elaboración de la miel se realizaba ( y se sigue realizando) sin ningún proceso de calentamiento y manteniendo la miel a temperatura inferior a 40º C, puesto que un aumento de temperatura produce que la miel pierda sus propiedades saludables. El mayor problema que suponía la utilización de este instrumento apícola es que en su elaboración los panales debían destruirse para extraer la miel, sin embargo hoy en día gracias al proceso de centrifugado los panales pueden reciclarse permitiendo que las abejas empleen sus energías únicamente en la fabricación de esta deliciosa miel, de forma que los apicultores obtengan cosechas de miel de mejor calidad y más abundantes. 

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